Mitos y Leyendas del Sur de Chile

Cadenas montañosas, colinas, bosques, ríos y lagos, dan el marco adecuado para el dilatado universo lleno de encanto y magia que reflejan las costumbres que han marcado el sur de Chile

Mitos y Leyendas del Sur de Chile

La Ciudad de los Césares, Mitos y Leyendas del Sur de Chile, Mitos y leyendas chilenas

16.08.2014 00:34

 

La Ciudad de los Césares 

 
(zona austral)
 
 
 
 
 
 
Existiría en el sur de Chile, en un lugar de la Cordillera de los Andes que nadie puede precisar, una ciudad encantada, fantástica, de extraordinaria magnificencia. 
 
Estaría construida a orillas de un misterioso lago, rodeada de murallas y fosos, entre dos cerros, uno de diamante y otro de oro. 
 
Posee suntuosos templos, innumerables avenidas, palacios de gobierno, fortificaciones, torres y puentes levadizos. Las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, lo mismo que el pavimento de la ciudad, son de oro y plata macizos. 
 
Una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia. La campana que ésta posee es de tales dimensiones, que debajo de ella podrían instalarse cómodamente dos mesas de zapatería con todos sus útiles y herramientas. Si esa campana llegara a tocarse, su tañido se oiría en todo el mundo. Existe también allí un mapuchal (tabacal de la tierra) que no se agota jamás.
 
Sus habitantes son de alta estatura, blancos y barbados; visten capa y sombrero con pluma, de anchas alas, y usan armas de bruñida plata.
 
Los habitantes que la pueblan son los mismos que la edificaron hace ya muchos siglos, pues en la Ciudad de los Césares nadie nace ni muere. 
 
Nada puede igualar a la felicidad de sus habitantes. Los que allí llegan pierden la memoria de lo que fueron, mientras permanecen en ella, y si un día la dejan, se olvidan de lo que han visto.
 
No es dado a ningún viajero descubrirla, "aun cuando la ande pisando". 
 
Una niebla espesa se interpone siempre entre ella y el viajero, y la corriente de los ríos que la bañan, aleja las embarcaciones que se aproximan demasiado.
 
Para asegurar mejor el secreto de la ciudad, no se construye allí lanchas, ni buques, ni ninguna clase de embarcación.
 
Algunas personas aseguran que el día Viernes Santo se puede ver, desde lejos, cómo brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, de oro y plata macizos. 
 
 
Según la leyenda, sólo al fin del mundo se hará visible la fantástica ciudad; se desencantará, por lo cual nadie debe tratar de romper su secreto.
 
Existiría en el sur de Chile, en un lugar de la Cordillera de los Andes que nadie puede precisar, una ciudad encantada, fantástica, de extraordinaria magnificencia. 
 
Estaría construida a orillas de un misterioso lago, rodeada de murallas y fosos, entre dos cerros, uno de diamante y otro de oro. 
 
Posee suntuosos templos, innumerables avenidas, palacios de gobierno, fortificaciones, torres y puentes levadizos. Las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, lo mismo que el pavimento de la ciudad, son de oro y plata macizos. 
 
Una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia. La campana que ésta posee es de tales dimensiones, que debajo de ella podrían instalarse cómodamente dos mesas de zapatería con todos sus útiles y herramientas. Si esa campana llegara a tocarse, su tañido se oiría en todo el mundo. Existe también allí un mapuchal (tabacal de la tierra) que no se agota jamás.
 
Sus habitantes son de alta estatura, blancos y barbados; visten capa y sombrero con pluma, de anchas alas, y usan armas de bruñida plata.
 
Los habitantes que la pueblan son los mismos que la edificaron hace ya muchos siglos, pues en la Ciudad de los Césares nadie nace ni muere. 
 
Nada puede igualar a la felicidad de sus habitantes. Los que allí llegan pierden la memoria de lo que fueron, mientras permanecen en ella, y si un día la dejan, se olvidan de lo que han visto.
 
No es dado a ningún viajero descubrirla, "aun cuando la ande pisando". 
 
Una niebla espesa se interpone siempre entre ella y el viajero, y la corriente de los ríos que la bañan, aleja las embarcaciones que se aproximan demasiado.
 
Para asegurar mejor el secreto de la ciudad, no se construye allí lanchas, ni buques, ni ninguna clase de embarcación.
 
Algunas personas aseguran que el día Viernes Santo se puede ver, desde lejos, cómo brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, de oro y plata macizos. 
 
 
Según la leyenda, sólo al fin del mundo se hará visible la fantástica ciudad; se desencantará, por lo cual nadie debe tratar de romper su secreto.
 

La Flor de la Higuera (de la mitología mapuche), leyenda, Mitos y Leyendas del Sur de Chile, Mitos y leyendas chilenas,

16.08.2014 00:05

 

La Flor de la Higuera (de la mitología mapuche)

 
 
 
Cuifí ke che niey kimün (La gente antigua sabe lo siguiente):
 
 
 
Cada 24 de junio, en la noche más larga del  año, a las 00:00 horas en punto aparece una mágica flor en la rama más alta de todas las higueras. Ésta tiene una vida de sólo un minuto y sus poderes son inimaginables, pues es capaz de cumplir los más ocultos deseos de cualquier ser humano.
 
 
Para que esto suceda, la persona interesada debe subir a la anünmka (planta) de higuera y cortar la rama florida justo a las 00:00 horas en punto y mantenerla en su mano durante todo el minuto de vida de la flor, repitiendo su deseo en voz alta.
 
Sin embargo, esto no será tan fácil como parece, pues el wekufe (diablo) enviará distintos obstáculos al participante, porque como sólo florece en las ramas más altas, hay que subirse al árbol y ase­gurarse bien; porque cuando se acercan las doce se oyen bufidos, berridos, ladri­dos, maullidos y otros gritos espantosos.
 
 
Así, mientras trepa por la higuera, el individuo puede encontrarse con un wapo tregua (perro rabioso) del que deberá huir, una dunguy filú (culebra parlante) que intentará confundirlo con sus brujerías o bien un pun ngillüm (pájaro nocturno) que picoteará sus ojos hasta dejarlo pelolái (ciego), entre otras maldiciones. 
 
 
Si el interesado logra superar tales barreras, podrá pedir el deseo que quiera y éste le será cumplido.
 
Sin embargo, si la flor muere antes de que la persona logre cortarla, este individuo enloquecerá al instante (loconche), pues ese es el castigo para aquellos que han intentado desafiar al diablo. 
 
 
Y de su alma, mejor ni hablar, ya que arderá en el infierno hasta la eternidad. 
 
 
Se dice que esta noche se puede aprender a tocar la guitarra divinamente, sin maestro y sin método. Basta colocarse bajo una higuera, el árbol donde se ahor­có Judas, con una guitarra en los brazos y justo a las doce un ser misterioso le cogerá las manos y se las pondrá sobre las cuerdas. Y esto bastará para quedar convertido en un eximio guitarrista.
 
 
Fente Pui (fin).
Cuifí ke che niey kimün (La gente antigua sabe lo siguiente):
 
 
 
Cada 24 de junio, en la noche más larga del  año, a las 00:00 horas en punto aparece una mágica flor en la rama más alta de todas las higueras. Ésta tiene una vida de sólo un minuto y sus poderes son inimaginables, pues es capaz de cumplir los más ocultos deseos de cualquier ser humano.
 
 
Para que esto suceda, la persona interesada debe subir a la anünmka (planta) de higuera y cortar la rama florida justo a las 00:00 horas en punto y mantenerla en su mano durante todo el minuto de vida de la flor, repitiendo su deseo en voz alta.
 
Sin embargo, esto no será tan fácil como parece, pues el wekufe (diablo) enviará distintos obstáculos al participante, porque como sólo florece en las ramas más altas, hay que subirse al árbol y ase­gurarse bien; porque cuando se acercan las doce se oyen bufidos, berridos, ladri­dos, maullidos y otros gritos espantosos.
 
 
Así, mientras trepa por la higuera, el individuo puede encontrarse con un wapo tregua (perro rabioso) del que deberá huir, una dunguy filú (culebra parlante) que intentará confundirlo con sus brujerías o bien un pun ngillüm (pájaro nocturno) que picoteará sus ojos hasta dejarlo pelolái (ciego), entre otras maldiciones. 
 
 
Si el interesado logra superar tales barreras, podrá pedir el deseo que quiera y éste le será cumplido.
 
Sin embargo, si la flor muere antes de que la persona logre cortarla, este individuo enloquecerá al instante (loconche), pues ese es el castigo para aquellos que han intentado desafiar al diablo. 
 
 
Y de su alma, mejor ni hablar, ya que arderá en el infierno hasta la eternidad. 
 
 
Se dice que esta noche se puede aprender a tocar la guitarra divinamente, sin maestro y sin método. Basta colocarse bajo una higuera, el árbol donde se ahor­có Judas, con una guitarra en los brazos y justo a las doce un ser misterioso le cogerá las manos y se las pondrá sobre las cuerdas. Y esto bastará para quedar convertido en un eximio guitarrista.
 
 
Fente Pui (fin).
 
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