Mitos y Leyendas del Sur de Chile

Cadenas montañosas, colinas, bosques, ríos y lagos, dan el marco adecuado para el dilatado universo lleno de encanto y magia que reflejan las costumbres que han marcado el sur de Chile

Mitos y Leyendas del Sur de Chile

Leyendas de Coronel: Origen del Cerro Lucata y Laguna Queñenco, Mitos y Leyendas del Sur de Chile, Mitos y leyendas chilenas

28.08.2014 13:21
 

Leyendas de Coronel: Origen del Cerro Lucata y Laguna Queñenco

 
 
 
 
Cerca de Coronel, donde la cordillera de Nahuelbuta da los primeros pasos hacia las alturas, se yergue majestuoso el cerro Lucatá. Antes que el desierto verde contaminara y destruyera el paisaje. A sus pies había una laguna de cristalinas y puras aguas, llamada Queñenco, paraíso de peces y pájaros multicolores, protegida por canelos, litres y castaños. Cerro y laguna conforman una unidad indisoluble, tanto por la belleza escénica como por su origen y destino.
 
La leyenda mapuche señala que en el pasado no existían, que la zona era una enorme planicie, pero diversos sucesos de origen humano y divino fueron transformando el paisaje con el paso del tiempo. En el lugar había un árbol sagrado y junto a él creció un muchacho llamado Lucatá. Las particulares condiciones físicas y la inteligencia del muchacho eran tales, que tenía la capacidad de imponer su fortaleza contra los enemigos, cazar leones en la montaña, como reconocer la belleza de las flores y hablar con los seres superiores. Cuentan que conversaba de frente con los espíritus poderosos, quienes lo iluminaban con sus mensajes a través del sonido del viento, los truenos y relámpagos, el trinar de los pájaros, las señales de las nubes, la luna y los rayos del sol.
 
Con toda esa sabiduría, daba consejos en los períodos de siembra, de cosecha, advertía el peligro y resolvía disputas internas. Para nadie era un misterio que adquiría su sabiduría a través del canelo. Cada día concurría a él. Con el paso del tiempo cada vez le costaba  más llegar, por un extraño fenómeno. La tierra donde se encontraba el árbol sagrado se iba elevando progresivamente, como si fuera a la par del cansancio de los años. Así, la planicie se convirtió en una loma de tal relieve, que al morir el valiente y sabio Lucatá, pidió ser enterrado en su parte más alta, para desde allí guiar a su pueblo. Y así se hizo.  Pero cuando sus deudos volvieron de su entierro, un ruido subterráneo estremeció sus pasos, el suelo temblo y la loma subió a las alturas, hasta adquirir su condición de centinela que alcanza con su mirada al mar. Ante tamaña demostración divina, la gente del lugar bautizó el cerro con el nombre de su notable guía y fue objeto de veneración por muchos pueblos.
 
Pasó el tiempo y la gente, cada vez que llamaba a Lucatá, se hacía presente en forma de gruesas nubes y una intensa lluvia caía sobre ese sector de la cordillera de Nahuelbuta, conteniendo símbolos orientadores del futuro del pueblo.
 
Hoy todos los coronelinos saben que si el Lucata está lleno de nubes es señal de lluvias, lo que no saben es que esas lluvias son el signo de la indignación del guerrero Lucatá, quién está llamando a la gente a luchar por su emancipación para que hagan respetar sus derechos.
 
Cuentan los antiguos que Lucatá,l ver la sumisión o la cobardía en que a veces caía su gente, desataba su ira a través de fuertes vientos y lluvias,  tormentas de truenos y relámpagos.
 
En cierta ocasión, un grupo de jóvenes jugaban palin a los pies del cerro, mientras sus padres eran masacrados por los españoles. Ellos no habían escuchado las voces de advertencia que había enviado Lucatá desde el cielo. Cayó en una profunda tristeza y de una mirada lanzó su poderosa lanza y la clavó al centro de la planicie donde jugaban los muchachos. Todos  se detuvieron y observaron con sorpresa, que del orificio brotaba agua y rápidamente cubrió el sector, convirtiéndose en un manantial bendito, ya que de ella se extrae el agua que beben los habitantes de Coronel. De ahí que la gente del lugar la llamó Quiñenco (un agua) que apareció como señal de bienestar y prosperidad, mientras el cerro se levanta como señal, como una advertencia de lo que depara el futuro.

Las tres Pascualas - Leyenda, Mitos y Leyendas del Sur de Chile, Mitos y leyendas chilenas

16.08.2014 00:46

Las tres Pascualas

 
 
 
 
 
Las tres pascualas vivían en la naciente ciudad de Concepción, allá por el siglo XIX. Las tres eran hermanas. Ellas, siendo jóvenes, lindas y lavanderas, solían ir diariamente a lavar la ropa en una laguna cercana. Allí, entre lavado y lavado, cantaban canciones de amor. Y al caer la tarde, le pedían a la laguna que, por favor, les trajera el verdadero amor de sus vidas.
 
Un día vieron llegar por la orilla opuesta a un gallardo joven que, al verlas, se acercó hacia ellas y les ofreció tertulia. Compartieron con el joven su comida y este las acompañó hasta que el sol se puso. Las encontró muy lindas y malvadamente se propuso hacerlas suyas. 
 
Por otro lado, las tres Pascualas regresaron a su casa en silencio, arrobadas y cada una de ellas convencida de que el hermoso joven había venido por ella ¡solo por ella!
 
Por su lado, el joven regresó día a día a la laguna, dispuesto a rendirlas, una por una, a su pérfido deseo.
 
Llegaba por la mañana, ayudaba a la Pascuala menor a llevar la ropa a su cabaña, y en el trayecto, le declaraba su ardiente amor. Cuando la Pascuala mayor partía al pueblo a comprar las provisiones, enamoraba a la de al medio. Y cuando la menor preparaba la comida, juraba amor eterno a la mayor.
 
Así, las tres Pascualas se enamoraron locamente. Como cada una se sentía la elegida, no se atrevían a mirarse de frente, temerosas de despertar sus celos. Ya no cantaban: solo suspiros llenaban el atardecer. La laguna ya no era verde y clara, si no turbia y revuelta como sus pobres almas, que le habían dado todo a su bien amado.
 
Y, entonces, el dichoso bien amado, habiendo logrado su propósito, ya no acudió a la cita. Esperaron en vano, hora tras hora, día tras día. Por fin, se miraron cara a cara y sus propios ojos revelaron su triste secreto. 
 
Muertas de pena, fuéronse internando calladas en las aguas, estas se agitaron formando un remolino. Un temblor sacudió su fondo. La aguas se desbordaron, y al volver a su cauce, este tomó la forma de la luna en cuarto menguante.
 
Según cuentan los lugareños,desde entonces ciertas noches suelen verse las tres Pascualas, luego de luna llena, lavando y lavando en la laguna que lleva su nombre. Creen que sus aguas no son buenas y evitan su cercanía. 
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