Leyendas de la Zona Central de Chile

 

La zona central, urbana y rural, no está ajena a los mitos y leyendas. La vida campestre y las largas noches han ayudado a la creación de mágicas historias y seres míticos. La oralidad en reiteradas ocasiones ha cambiado la versión original, pero siguen representando la tradición chilena.

 

 

Mitos y Leyendas de la Zona Central de Chile

El Culebrón

26.08.2014 18:42

El Culebrón

 
 
 
 
La tradición rural dice que la gran serpiente peluda trajina principalmente de noche, aunque a veces lo hace de día. 
 
En estado salvaje atacaría a los caminantes y arrieros, incluso llegando a devorarlos cuanto los encuentra a su paso; y por ello siempre se debe evitar los lugares donde se sabe que habitaría. 
 
Se dice que esta criatura suele vivir en madrigueras, cumpliendo en algunas de ellas la labor de guardián de algún misterioso "entierro" (tesoro enterrado).
 
Para alimentarse, el culebrón tendría el poder mágico de sugestionar y atraer con la mirada a su víctima, aunque este a larga distancia, ya sean personas o animales; y cuando esta muy hambrienta, con una gran fuerza, es capaz de absorber a los animales enteros, porque su estomago es inmensamente grande. 
 
Sin embargo cuando dispone de un territorio con numerosas presas, como hábito preferiría amamantarse en los animales vacunos a los cuales atraería con su cola para beber de su leche (esto ya que tendría una gran predilección por la leche) y/o preferiría comer presas más pequeñas, como las aves de corral. 
 
Luego de alimentarse se introduciría de nuevo en su escondite generalmente entre los pastizales de un sitio eriazo o en un bosque de poco acceso, y allí viviría o proseguiría nuevamente su camino subterráneo hacia otro lugar.
 
Como guardián de un tesoro, se dice que esta criatura se gestaría (sería atraído al lugar) al cabo de 40 días luego de enterrar un tesoro, generalmente de monedas de plata en el interior de un cántaro. Posteriormente, si el dueño o alguien ambicioso desea desenterrar el tesoro, habría que proceder a rociar aguardiente en el lugar donde está o se cree que está ubicado el tesoro; con el fin de lograr embriagar al culebrón y así lograr sustraer el tesoro.
 
Igualmente la tradición rural dice que esta mítica criatura del mismo modo que es atraída por riquezas, también tiene la capacidad mágica de atraer la riqueza a la persona que posea un culebrón, al otorgarle al dueño prosperidad en todo lo que realiza. 
 
Para ello, se señala que para domesticar a un culebrón es necesario previamente haberle arrancado tres pelos de los más largos a un culebrón en estado salvaje; y luego depositar los tres pelos en una fuente llena con leche, a objeto que cobren vida y puedan alimentarse. 
 
Después de un tiempo nacerán tres criaturas y el más fuerte devorará al resto y lentamente irá creciendo hasta tomar la forma de un verdadero culebrón. 
 
Posteriormente, el culebrón se alimentaría con leche de una vaca que el dueño tendrá sólo para el culebrón. Igualmente como un ritual, todos los años el dueño deberá matarle un animal o darle algún pariente o persona cercana, y dejarle la sangre en un lugar que sólo el culebrón sabe. 
 
Siempre el dueño de un culebrón debe alimentar a este ser, teniendo este deber como una obligación perentoria; pero si por alguna razón comienza a descuidar al Culebrón, ésta criatura se ira del lugar, con lo cual su exdueño inevitablemente quedara en la pobreza; y en el peor de los casos incluso terminara con pagar ese fatal descuido con su propia vida o con la vida de sus familiares.
 
También se cuenta que en ciertas ocasiones el mismo diablo u otro demonio mandado por él, se presentaría con esta forma ante el hombre codicioso, con el objetivo de hacer un pacto diabólico de riqueza con él; en el cual el hombre le ofrecería su alma y/o la vida de otras personas (generalmente enemigos o trabajadores de la persona que hace el pacto), a cambio de beneficios.
 

 

La LLorona

26.08.2014 18:36

La LLorona

 

 

Las diferentes leyendas chilenas sobre la Llorona van desde algunas versiones muy semejantes a la mexicana hasta otras muy particulares del folclor chileno. 
 
Las chilenas definen al espectro como el espíritu de una mujer que busca a su hijo, de manera que se la caracteriza como un espectro con una relación especial con la muerte.
 
En cualquier caso, se trata de una mujer que estaba celosa de sus dos hijos porque el marido compartía más tiempo con ellos. La mujer resiente esto profundamente, por lo que arroja a sus dos hijos en un río y los ahoga. 
 
Cuando el esposo llega a casa y pregunta por los niños, ella le oculta la verdad, pero él se da cuenta de que en el río hay dos niños ahogados. El hombre, presa del dolor, mata a la esposa, cuyo espíritu se queda errante en busca de sus hijos.
 
La Pucullén
 
En la versión distintiva de la tradición chilena, la Llorona se llama la Pucullén (de cullen, lágrima, y pu, plural).8 Se dice que llora eternamente porque le quitaron a su hijo de sus brazos a muy corta edad. 
 
Es una presencia fantasmal vestida de blanco, a la que sólo puede ver la gente que está cercana a la muerte, algunas personas con habilidades especiales (como las Machis o los Calcus) y los animales que tienen los sentidos más agudos, entre ellos los perros, que lanzan lastimeros aullidos cuando perciben su presencia.
 
La Pucullén es una guía de los muertos, que indica con sus pasos y llantos el camino que debe recorrer el muerto para dirigirse desde su morada terrenal hacia el más allá. 
 
Se dice que llora como plañidera por todos los familiares del difunto, para que todos ellos se consuelen pronto de la pérdida; además, evita que el espíritu del muerto decida acudir a penarlos, disconforme con las pocas lágrimas y manifestaciones de pesar de sus parientes. 
 
Algunos cuentan que si uno se frota los ojos con lágrimas de perro, podrá verla; pero si el corazón del que observa no es firme, la imagen será espantosa.
 
Con sus abundantes lágrimas, que forman un charco cristalino, la Pucullén señala el sitio preciso en el campo santo donde debe abrirse la fosa para depositar el féretro. Se dice que si esto sucede, debe utilizarse toda la tierra necesaria para cubrir por completo el féretro, pues en caso contrario antes de un año morirá un familiar del difunto. Como castigo por el descuido que la llevó a perder a sus hijos, roba los hijos de otras madres, confundiéndolos con los de ella
 
La Llorona del puente de San Carlos
 
Según otra versión, los hechos sucedieron en el puente Lingue, en Litueche. 
 
Era un día de lluvia torrencial y el puente tenía mucha corriente, siendo muy peligrosa. 
 
Un señor que observaba lo que pasaba vio a una mujer con un bebé en los brazos. 
 
Ella, muy afligida por la lluvia, se apoyó en el palo del puente, gritó y gritó, confundiéndose sus gritos con los llantos del niño. 
 
Después, el bebe desapareció entre las aguas y la mujer se lanzó al agua, donde murió ahogada sin llegar a encontrar a su bebé. 
 
Desde entonces, cada vez que llueve se escucha llorar de forma inconsolable a la mujer. Sólo cuando encuentre a su hijo cesará su llanto.
 
La Llorona y el Diablo
 
En Valparaíso se dice que la Llorona fue una mujer que se casó con el Diablo. 
 
Esta mujer se enamoró de él pensando que era un hombre bueno, sin saber quién era en realidad. 
 
Un día, el Diablo llegó más temprano de lo normal a su casa y la mujer aún no tenía preparada la comida. 
 
Salió a comprar para cocinar, pero el Diablo no aguantó más y tuvo que matar a sus hijos. Cuando volvió la mujer, desconsolada lloraba por sus hijos todas las noches. 
 
Un día, el Diablo se cansó de sus llantos continuos. La amarró a la cama con unas cadenas y le enterró una estaca en el corazón. 
 
Desde ese momento, la Llorona recorre las calles de toda la región arrastrando sus cadenas y llorando por sus hijos perdidos.
 
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